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El legado de Rivera

Tras mucho sin escribir aquí, me ha despertado los dedos un triste suceso que no es otro que el reciente fallecimiento de Jose Antonio Rivera. Hablar de Antonio por recordarlo, que al final es lo que nos queda. Una persona que demostró en su trayectoria unos valores dentro y fuera de la pista.


Mi recuerdo de Antonio se remonta al último tramo de los 80. Verlo jugar con los verdes del Mercury Guetaria es mi primera imágen suya. Delgado, listo y con una gran calidad en su juego. Rodeado de algunas viejas glorias que habían llegado a jugar en el Real Zaragoza como Emilio Suarez, Enrique Oviedo, Jordi.... Antonio creció como jugador. Eran las tardes de sábado en el Salduba, cuando era el Pabellón de la ciudad y donde nos concentrábamos todos los que "clandestinamente" veíamos fútbol sala.


Antonio destacaba, pero en aquellos tiempos llamaba más la atención el buen juego que ganar. Mercury era un equipo de los punteros, que no ganó Iigas pero que jugaba muy bien. Estos veteranos futboleros se fueron retirando y Antonio salió de su Mercury Guetaria y, tras un paso fugaz por Colchon Relax, llegó a Sala 10 donde dió sus mejores años.


Sin embargo uno de los recuerdos que me queda más frescos de aquellos años, era ver siempre a Antonio acompañado de un niño. Parecía su llavero. Siempre lo veías con él. Jugaba Rivera y por allí estaba el "medio metro". Lo entrenaba en el Marcos Frechin y le enseño los caminos del fútbol sala.... y de la vida. Un alumno aventajado. Profesor y alumno eran de barrio, balón de calle, fantasía y dureza, imaginación y pillería. Por supuesto que el niño era Raúl Izquierdo.


Sus caminos llegaron a llevarles jugar juntos. Cuando Antonio terminaba su carrera y Raúl la empezaba, cuando en edad cadete, David Navarro lo reclutó para el primer equipo del Sala 10, entonces en Primera A. Aquella dupla David-Antonio fue muy importante para el posterior desarrollo del jugador más longevo que ha dado nuestro fútbol sala.... porque a Raúl, y viendo el panorama, le auguro todavía unos 15 o 20 años más de buen juego.


Aquel Sala 10, de la mano de Navarro (ahora entrenador de futbol 11.... bueno, ahora y desde hace 20 años que dejó nuestro futbito, vió el panorama antes que yo) desplegó el mejor fútbol sala que recuerdo en Aragón, sobre todo en el tramo final cuando ya estaban en División de Plata. Rozaron el ascenso a Honor cuando Segó (Zaragoza FS) ya empezaba a agonizar. Pero aquel gol que falló Tito Garcia Sanjuan en el último segundo en Burlada, evitó el ascenso de Sala 10 y el choque frontal con un Segó (ya Zaragoza FS) que se mantuvo con un equipo muy justito.


Eso fue un paron al ascenso de Sala 10 que tuvo que esperar unos años a que, definitivamente desapareciera Zaragoza FS y cogiera impulso. Raúl había salido a aprender un tiempo a Talavera (Campeón de Europa), era un crío (juvenil) pero ya tenía mucho aprendido. Rivera lo aleccionó bien. Sin duda esa experiencia y las que le vinieron rápido pero muy pronto (Burgos) eran "pan comido" para un Raul que había tenido un gran maesto. Esos años en el Marcos Frechin fueron de Universidad. No solo en el juego. Sino en el otro juego, el de la vida. Rivera, muy buena gente, simpático pero discreto, sano pero pillo, formó un jugador como seguro deseo. Un legado perfecto.


Michel Cantín.

15 de febrero de 2017
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