Publicado el 18 de Noviembre de 2011
Siempre he creído que la vida es una cuestión de actitud, y francamente es una suerte, pues depende estrictamente de nosotros. Somos dueños y señores de cómo elegimos enfrentarnos al día a día.
Cuando las cosas no salen según esperamos, ser positivos y condescendientes con nosotros mismos y con los demás, sin duda ayuda… “Si la vida te da tequila, ponle sal y limón”, ésa es la actitud.
En el ámbito deportivo, la actitud es una de las claves del éxito. En el campo no siempre se cumplen nuestras expectativas: podemos tener mala suerte, poca concentración, o no jugar todos los minutos que nos hubiera gustado. Bloquearnos, mosquearnos, poner caras largas y descargar nuestra ira contra el banco no aliviará la derrota, ni los minutos de juego.
Por el contrario, una actitud reflexiva, que nos ayude a sacar una lección positiva de lo que ha ocurrido, una actitud empática (saber ponerse en lugar del otro), que nos permita apartar el egoísmo, y darnos cuenta de que, puede que lo que no es mejor para nosotros, sí lo sea para el equipo, y una actitud positiva, valorando que lo que no ha salido hoy, seguro que en la próxima nos sale, probablemente sean las teclas para salir airoso de la situación.
En esto del fútbol sala, la actitud es cosa de todos.
Hace poco, viendo un partido de chicos jóvenes, un padre increpó a uno de los jugadores “¡impresentable! sé elegante, joder”. No conocía de nada al elemento en cuestión, pero fruto de mi incontinencia verbal y con la mejor de mis sonrisas, le contesté: “para exigir elegancia dentro del campo, comience por dar ejemplo usted fuera”. Me salió del alma. Aún hoy sigo incrédula con la actitud de muchos adultos, padres de jugadores, en los partidos de los chicos.
La actitud, se hereda, se aprende, se imita. Queridos padres, den ejemplo, y no se olviden de que los que juegan no son Guti ni Ronaldo, simplemente son chavales sanos, que pelean por pasárselo bien, procuren no contaminarlos.
A estas alturas, podemos preguntarnos cuál sería la actitud que contribuye a un mayor rendimiento en el campo. Yo lo tengo claro: la de pasárselo bien, fuera tensión, fuera presión, pero eso sí, con un puntito de adrenalina para estar a tono en la competición. Es esencial salir al campo y disfrutar, porque la mayoría de las veces, el que disfruta con lo que hace, termina cumpliendo sus objetivos.
Victoria Alcalde Martín
Psicóloga Col. Num. A-01884
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