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Juancho Ibañez:

Mala suerte, y peor para el fútbol...

El astronauta optimista

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Publicado el 24 de Noviembre de 2011

Escuché recientemente que la principal cualidad que se exige a un astronauta, es el carácter optimista. Y parece lógico, porque de lo contrario, no se embarcaría en ninguna aventura espacial…

Imagínense, el fulano de turno, atlético, fornido, con su pelo engominado hacia atrás, su impoluto traje blanco y su casco galáctico, con el cinturón abrochado, instantes antes de partir de misión, afirmando, “no sé si llegaremos…”.

O aún peor, imagínense al resto de la tripulación, en un espacio menor, reducido, donde va a ser inevitable ignorar al pesimista de turno. Quizá, esa sensación deba ser incluso más incómoda que ir al servicio en un transbordador espacial… puede ser, no estoy seguro.

En fin, hay cosas que caen por su propio peso, pero con ejemplos de este tipo, dices, ¡pues es verdad!. “Los de a pie”, la gente de la calle, no solemos realizar viajes espaciales pero en ocasiones, en nuestros viajes y retos diarios, somos presa de nuestras dudas y miedos, y por añadido de ese pesimismo vital que se adueña de nuestro ser.

En definitiva, prohibido pesimistas a bordo… Ahora bien, si Marte, o cualquier otro planeta de nuestro Sistema Solar queda lejos, quizá pequeñas metas diarias están más cerca, y serán más alcanzables con una actitud optimista. Y ejemplos hay muchos, pero a mí me viene a la cabeza gracias a un Informe Robinson, Isidre Esteve conocido piloto de Rallies en la modalidad de motos.

Casi astronauta en su día, subido en su moto cruzaba inmensos paisajes lunares en forma de desiertos en busca del primer puesto. Pero la fatalidad, y un golpe a la altura del hueso sacro, destrozaron sus vértebras T7 y T8, dejándolo postrado en una silla de ruedas.

Hoy día no ha perdido la ilusión por el motor, ahora en la modalidad de coches; por mantener su cuerpo lo más sano posible en busca de una mayor calidad de vida y además; por ayudar a través de Fundación 'Wings por Life' (Alas para la vida) dedicada a investigar las lesiones medulares.

Y es que no queda otra. La vida rueda y rueda y conviene no pararse. El otro día “celebré” con una mini pachanga a cámara lenta (mis limitaciones son evidentes) en el entrenamiento de los chicos, mis cuatros años sin jugar a fútbol sala. Curiosamente era el mismo día, la misma pista, y prácticamente la misma hora que aquel fatídico sábado donde mi ligamento cruzado de la pierna izquierda dijo basta. Años después sigo creyendo que es posible, que será posible algún día y sigo buscando ese pequeño resquicio de esperanza que me lleve a pelotear de nuevo con los de siempre.

Mientras tanto, me alimento de la ilusión de “mis chicos”, de su lucha por crecer y demostrar su valía. De su esfuerzo, compañerismo, de su unión, en ocasiones de su ingenuidad, de su sacrificio y dedicación y como no, de su optimismo que a buen seguro les hará levantar el vuelo hacia la meta que nos pusimos: divertirnos y aprender, para lograr jugar bien a nuestro deporte.
Cada amago, cada paralela, cada jugada de estrategia bien ejecutada, cada gesto entre compañeros diciendo “yo estoy contigo”, me recuerda el porqué de esta afición que todavía mantengo.

Por ello, hoy, servidor podría ser astronauta, y por supuesto los chicos también. Estamos en la línea… no dejéis pasar la oportunidad, porque esta nunca llega, ya está aquí.

Cada uno es el motivo de casi todo lo que sucede… Feliz viaje.

Juancho



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